Boletin Abril 2008
www.comunidadesrurales.org
Año 1 Nº3

 

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>> La crisis invisible

Pocos viajes fueron tan ilustrativos como que el que Cristoph 1, Pedro 2, Maud 3 y Patricio 3 pudieron realizar días atrás por Buenos Aires, Santa Fe, Chaco y Formosa. A lo largo de cientos de kilómetros la Red fue creciendo en nuevas alianzas, proyectos y articulaciones. Se pudo obtener una foto en tiempo real de la actual crisis del campo. Conversaron con campesinos, con pequeños, medianos y grandes productores, con funcionarios de gobierno, con directivos y otros miembros de organizaciones sociales, con técnicos y profesionales del INTA, con alumnos y docentes, con niños, jóvenes, adultos y ancianos, con comerciantes, con gendarmes y policías, con curas, con aborígenes, criollos y descendientes de colonos, con remiseros, playeros de estaciones de servicio, mozos y recepcionistas. Escucharon con mucha atención cada una de sus palabras y opiniones.

Una de las múltiples lecturas de este momento tan especial es que una sociedad fragmentada sólo puede crecer y desarrollarse en forma fragmentada. La violencia, soberbia, prepotencia, intolerancia, e indiferencia son palabras que concientemente o no se ejercitan a diario y nunca serán insumos para construir con inteligencia un mejor lugar para que todos vivamos. Resolver esta situación es una responsabilidad colectiva. Adjudicarla únicamente al gobierno de turno sería un nuevo acto de miopía social. Entre voto y voto hay un camino de acción ciudadana que debemos estar decididos a fortalecer.

1 Cristoph von Boch es amigo y voluntario de la Red. Puso a disposición su vehículo personal y cubrió los gastos de combustible para que este viaje pueda ser realizado.
2 Pedro Friedrich es Presidente de la RCR
3 Maud Zemborain es responsable del área de Investigación & Servicios Informativos de la RCR
4 Patricio Sutton es Director Ejecutivo de la RCR

>> Reflexiones sobre aspectos de una crisis aún invisible

  • La gente que está sumida en la pobreza rural extrema no se expresó durante todo el conflicto. Hay más de un millón de pobladores rurales argentinos que siguen siendo  invisibles a los ojos de  nuestra sociedad.
  • Existe una fuerte marginación social hacia los aborígenes y una desvalorización sobre sus costumbres y cultura. En ese contexto la integración está más cerca de ser una utopía que una realidad posible. Debemos facilitar los espacios para que puedan hacer y sentir como propios los procesos de desarrollo y redefinir una nueva identidad aborigen en un mundo que es altamente cambiante y tecnificado. Hay puntos de encuentro pero el camino no es el asistencialismo, el clientelismo o el imponer lo que creemos adecuado para que puedan mejorar sus condiciones de vida. 
  • La educación pública se está cimentando en la reconstrucción o creación de edificios escolares  pero son enormes las asignaturas pendientes en la formación de los docentes y la calidad educativa. Sin duda hay que erradicar las escuelas rancho y proveer equipamiento, pero la clave del cambio seguirá estando en las personas. En algunas regiones se habla de una clara intencionalidad política por mantener un “statu quo” a base de clientelismo. Debemos incidir en las políticas públicas con inteligencia y compromiso desde todos los sectores, incluso desde el compromiso social genuino de muchos funcionarios y profesionales técnicos. Las organizaciones de la sociedad civil tenemos que mejorar fuertemente nuestro desempeño en esta materia. 
  • La educación técnica y agrotécnica parecieran ser especies en peligro de extinción. A pesar de ser el bastión para lograr formar a los jóvenes e impulsar su plena inserción laboral y productiva como motor del desarrollo local y regional, están sumidas en el olvido. Países como Australia han logrado poner en valor la educación técnica terciaria y sus avances en el ámbito rural han sido enormes. Varios países sudamericanos le están prestando especial atención e invierten en forma articulada con las empresas y organizaciones sociales los recursos necesarios.
  • Se obtendrían muy interesantes resultados si las reparticiones de Educación, Desarrollo Social y Producción articularan estrategias y complementaran recursos en lo referido a la educación media y formación laboral en el ámbito rural.  En la mayor parte de los casos trabajan y marcan política en forma aislada en vez de interrelacionada. 
  • En el conflicto importantes sectores del campo se han unido pero no hay consenso, programas efectivos o esfuerzos concretos que apunten a mejorar las oportunidades de desarrollo e integración de los sectores más postergados. Es común escuchar reclamos por la falta de personal capacitado y que éste debe ser “traído” desde otras provincias o regiones algo que resulta paradójico. Los jóvenes no logran una buena formación en sus comunidades o pueblos rurales que les permita quedarse allí y trabajar dignamente o desarrollar emprendimientos productivos familiares o comunitarios. El desarraigo es automático y constante. El mayor espacio que le brindan las grandes ciudades a los jóvenes son los cordones de pobreza que las rodean.  Los programas de RSE de la agroindustria deberían enfocarse a estos desafíos. 
  • El empleo rural debe pasar progresivamente del alto grado de informalidad e injusticia que tiene a mejores condiciones laborales. Sólo a modo de ejemplo podemos señalar que más de 400.000 chicos trabajan en el ámbito rural actualmente.  El trabajo “en negro” se da tanto en las empresas del agro como en los organismos estatales. Las negociaciones durante esta crisis en ningún momento plantean como encarar esta realidad. Otro aspecto en el que el concepto de invisibilidad se hace presente.     
  • Los diferentes modelos productivos son vistos como antagónicos en vez de complementarios. Pretender que los cultivos o producciones orgánicas, el turismo responsable, el comercio justo y el uso sostenible de los recursos naturales puedan por si solos generar el desarrollo necesario para toda la población (noventa por ciento de la cual es urbana) es como mínimo difícil de creer y sostener. Pensar que la producción intensiva de soja, maíz, caña de azúcar, cítricos u otros alimentos,  los  biocombustibles, planes forestales, ganadería o minería, derramarán por si solos riqueza y generarán empleo e inclusión social, sin poner en riesgo los suelos y bosques o afectar el acceso y uso del agua, puede también interpretarse como una ilusión óptica. Conflictos y posicionamientos ideológicos diversos van a existir siempre y es sano que ocurra. Lo preocupante es la falta de acuerdo, de reglas claras y leyes que se cumplan, y sobre todo de voluntad para que el encuentro y proyección de futuro sean factibles. Además de intereses hay miedos y prejuicios que hacen muy difícil demostrar que existen otros caminos posibles para generar un desarrollo humano justo y ambientalmente sostenible.

 

 

 

"El verdadero desarrollo se mide por el grado de libertad para elegir que tienen las personas."
Amartya Sen, premio Nobel de Economía 1998.

 

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